AY!!!! que rica es peppermint que me ha dejado este bonito regalo...os voy a deleitar con un trocito del libro de Milan Cundera, La insoportable Levedad del Ser. Estoy totalmente enamorada de este libro, pq cada vez que lo leo, cada vez le encuentro algo distinto, supongo que sera porque lo leo con un estado de animo diferente...
bueno haí va.
Cuando llegó hasta la ladera de Petrin, esa colina verde que se alza en medio de Praga, advirtió de con sorpresa que no había nadie. Era extraño, porqué otras veces se paseaban permanentemente por allí masas de praguenses. Sentía angustia en el corazón, pero la colina estaba tan silenciosa y el silencio era tan consolador que no se detenía y observaba.
Llegó hasta la cima, en el cesped habia unos hombres. Cuanto mas se a acercaba a ellos, más despacio iba, Eran seis, estaban quietos o se paseaban muy lentamente, como jugadores en un campo de golf, que examinan el terreno, sopesan los palos y procuran estar en forma antes de empezar un partido.
Llegó hasta donde estaban ellos. De los seis, reconoció èrfectamente a tres que desempeñaban el mismo papel que ella: estaban inseguros, como si quesieran hacer muchas preguntas pero les diera miedo molestar y por eso prefieren quedarse callados, dirigiendo a su alrededor una mirada interrogativa. Uno de ellos llevaba un fusil, al ver a Teresa le hizo un gesto afirmativo y sonriente:
-Si, este es el sitio.
Lo saludó con una inclinacion de cabeza y sintió una horrible angustia.
El hombre añadió:
-Para que no haya equivocaciones.´¿Es a petición suya?
Hubiera sido fácil decirle <<¿¡No , no es a petición mía!>>, pero era incapaz de imaginar que pudiera decepcionar a Tomás. De modo que dijo: - Sí. Por supuesto. Es a petición mía.
El hombre del fusil contnuó:
-Para que sepa por qué se lo pregunto, eso sólo lo hacemos si tenemos la seguridad de que las personas que vienen son ellas mismas la que desean expresamente morir.El servicio es solo para ellas.
-No no tema es a petición propia.
-Le gustaría ser la primera?-preguntó
-No, no por favor, preferiaría se la última.
Sus dos ayudantes iban desarmados y sólo estaban allí para atender a la gente que había venido a morir. Los cojían del brazo y paseaban con ellos por el cesped. Los que iban a ser ejecutados podían elegir árbol.
Despues los ayudantes ataron a los tres hombres una venda alrededor de ls ojos. Cada uno de ellos con una venda en los ojos y la cabeza vuelta hacia el cielo.El hombre del fusil apuntó y disparó.el fusil tenía silenciador.
Tocó el turno a Teresa, ella quería verlo todo , no quría vendas. No quería porque no tenía nada en comun con ellos. El hombre no insistio y le cojio del brazo. Y fueron así por el extenso del parque y TEresa no era capaz de decidirse por ningún arbol.Vio un castaño, se detuvo, apoyó su espalda. El hombre levantó el fusil.
Teresa sintió que su coraje se agotaba. Su debilidad la desesperaba, pero era incapaz de controlarla. Dijo:
-Es que no es mi voluntad.
El bajó inmdeiatamente el cañón del fusil y dijo muy suavemente:
-Si no es su voluntad, no podemos hacerlo. No tenemos derecho.
Y su voz era amable, como si le pidiera disculpas a Teresa por no poder fusilarla si ella misma no lo deseaba. Aquella amabilidad le destrozaba el corazón y ella se volvió cara al tronco del árbol y se echó a llorar.
Todo su cuerpo se estremecia de dolor y ella se abrazaba al árbol como si no fuese un árbol sino su padre, al que había perdido, su abuelo, a quien no lo conoció, su bisabuelo, su tatarabuelo, algún hombre tremendamente viejo.
FIN
La verdad es que escribiría todo el libro, pero bueno espero que os haya gustado. Bueno, yo no se lo paso a nadie, quien quiera escribirlo, que lo haga. Un besazo a todos y a todas